CÓMO COMENZAR A HACER EJERCICIO Y CONVERTIRLO EN UN HÁBITO QUE PERDURE

Para nadie es un secreto que el ejercicio regular es una excelente forma de crear y mantener una mejor versión de sí mismo. Sin embargo, el paso de pensar en hacerlo a efectivamente lograrlo, es un truco que muchos de nosotros tenemos problemas en dominar. Estos pequeños ajustes en tu estilo de vida pueden ayudar a motivarte para que realmente hagas que suceda – y mantenerlo realmente sucediendo.

 

PLANIFÍCALO Y MANTENLO

Cuando la vida se vuelve muy ajetreada, lo primero que dejamos a un lado es usualmente el ejercicio. Intenta planificar un programa de entrenamiento semanal; eso puede hacer que te sientas responsable y así establezcas el ejercicio como parte de tu vida cotidiana – al igual que ir de compras al supermercado o lavar la ropa de la semana. Tu horario de sueño también cuenta. Acostarte y despertarte más o menos a la misma hora todos los días – ¡sí, incluyendo los fines de semana! – ayuda al cerebro y al cuerpo a funcionar de la mejor manera. El despertarte siempre a la misma hora también puede facilitarte el dejar un espacio en tu agenda siempre disponible para el ejercicio, no importa si es temprano en la mañana o al final de la tarde. El hecho de incluirlo en tu agenda te ayudará a sentirte responsable y cuando lo taches de tu lista de “cosas por hacer”, te ayudará a aumentar tu sentido de logro – una victoria para tu salud, tu organización del día y tu motivación.

 

INICIA CON PEQUEÑAS PORCIONES

El CDC (Centro para el Control de las Enfermedades) de los Estados Unidos recomienda 150 minutos de actividad física semanales para tener salud aeróbica y fuerza. ¿Te suena abrumador? No tiene que serlo. Simplemente comienza en pequeño con entrenamientos cortos. Incluso sólo diez minutos de ejercicio moderado a la vez durante el día pueden tener beneficios. No te subas al ascensor y sube más bien las escaleras para llegar a tu reunión, o convence a algunos de tus compañeros de trabajo de salir a caminar un rato a la hora del almuerzo. El hecho de hacer cambios mínimos puede ayudarte a ascender hasta lograr entrenamientos de mayor duración. Conforme progresas, apunta a tener dos sesiones de fortalecimiento muscular cada semana combinadas con actividad aeróbica. Como norma general, toma en consideración que entre más vigorosa sea la actividad aeróbica, menos horas va a necesitar tu cuerpo. Por ejemplo, 150 minutos de caminar rápido o de trabajo en el jardín por semana es más o menos el equivalente a 75 minutos de trotar o correr.

 

MANTENTE BIEN NUTRIDO A LO LARGO DEL DÍA

La perfecta excusa para no ir al gimnasio es sentirte exhausto después de un largo día de trabajo, y a veces así lo es. Es perfectamente razonable brincarte una sesión de entrenamiento a cambio de un sueño necesario, pero si lo haces demasiado a menudo, te puedes descontrolar. Asegúrate que cuentas con el suministro necesario de combustible, empacando en tu bolso, o en la gaveta de tu escritorio, snacks para llevar como barritas de proteína. Además, es recomendable incorporar a tu dieta otros snacks saludables – de proteína completa, como los huevos duros, y también de proteína complementaria, como pan de trigo integral con mantequilla de nueces o arroz y frijoles. La hidratación también es clave. Cuando estás deshidratado, tu cuerpo no funciona al máximo, lo cual significa entrenamientos desastrosos o peor aún, perdidos. Recuerda que requieres al menos ocho tazas de agua cada día. Trata de tener siempre contigo una botella de agua y bébela con el café de la mañana, urante las reuniones y cuando estés en tu escritorio. ¿Demasiado aburrida el agua? Agrégale una rodaja de fruta o un chorrito de jugo natural para darle más sabor.